- +502 2268 3700
- centrarse@centrarse.org
- Lun-Vier 8am - 5pm
A cincuenta años del devastador terremoto de 1976, Guatemala recuerda no solo una de las tragedias más profundas de su historia, sino también el inicio de un compromiso humanitario que ha marcado la vida de millones de personas. Aquel sismo dejó más de 23 mil personas fallecidas, 77 mil heridas y más de un millón de damnificadas, evidenciando la fragilidad del país ante los desastres naturales y la urgente necesidad de una respuesta organizada, solidaria y sostenida.
El terremoto de 1976 no solo transformó la realidad de miles de familias, puso también de manifiesto la solidaridad y resiliencia de la población guatemalteca, organizaciones como World Vision Guatemala, una institución internacional de ayuda humanitaria que, desde el primer momento del siniestro a la fecha, ha mantenido un compromiso ininterrumpido con la población más vulnerable, especialmente con la niñez, acompañando procesos de atención, recuperación y desarrollo en contextos de crisis.
Durante estas cinco décadas, Guatemala ha enfrentado múltiples emergencias —sismos, erupciones volcánicas, huracanes, tormentas tropicales, inundaciones, sequías prolongadas y crisis sanitarias que confirman una realidad estructural: la alta vulnerabilidad del país frente a los desastres. Ante este escenario, World Vision Guatemala ha evolucionado su modelo de intervención, transitando de una respuesta reactiva hacia un enfoque integral que articula la gestión del riesgo a desastres, la acción humanitaria, la adaptación al cambio climático y el desarrollo sostenible.
Respuesta humanitaria con enfoque comunitario y de derechos
La intervención de World Vision Guatemala se distingue por colocar a las personas en el centro, promoviendo la dignidad humana, la protección de la niñez y la participación comunitaria. Su enfoque de gestión del riesgo a desastres basado en la comunidad busca reducir las vulnerabilidades, aumentar las capacidades de la población más vulnerable para anticiparse, hacer frente, prevenir o minimizar las pérdidas o daños a la vida, la propiedad y el medio ambiente, así como minimizar el sufrimiento humano y acelerar la recuperación.
En los últimos dos años, la organización ha contribuido al fortalecimiento de 442 Coordinadoras Municipales y Locales para la Reducción de Desastres, las cuales cuentan hoy con planes locales de gestión del riesgo. Asimismo, 141,486 personas, entre ellas niños y niñas, han fortalecido sus conocimientos y prácticas en reducción del riesgo a nivel comunitario, fortaleciendo la resiliencia desde el territorio.
Un elemento diferenciador de la labor de World Vision Guatemala es la participación activa de la niñez y adolescencia. Más de 100 niños y niñas han sido parte de plataformas de diálogo con autoridades municipales y nacionales, posicionándose como agentes de cambio y siendo portavoces de propuestas orientadas a reducir riesgos y proteger la vida en sus comunidades.
Impacto sostenido en contextos de emergencia
En los últimos cinco años, World Vision Guatemala ha alcanzado a más de un millón de personas mediante acciones de respuesta humanitaria ante emergencias de gran escala, incluyendo la pandemia por COVID-19, los huracanes ETA e IOTA, la tormenta tropical Sara, así como crisis asociadas a la inseguridad alimentaria y nutricional. Estas intervenciones han integrado asistencia humanitaria inmediata en diferentes sectores: nutrición, agua saneamiento e higiene, protección, salud, nutrición, y seguridad alimentaria.
La articulación con instituciones del Estado, particularmente con la Secretaría Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de la Reducción de Desastres -CONRED-, con Gobiernos Locales, Cooperación Internacional, y sector privado empresarial quienes han articulado esfuerzos y han confiado en la labor humanitaria de World Vision para que la ayuda llegue de manera inmediata y oportuna a los damnificados, optimizando recursos, ampliando el impacto, fortaleciendo la efectividad de la respuesta y la rendición de cuentas; reafirmando así el valor de las alianzas estratégicas para la respuesta a emergencias y el fortalecimiento de la gestión de riesgo a desastres desde las bases comunitarias.
Conmemorar los 50 años del terremoto de 1976 es también una oportunidad para reflexionar y reafirmar la corresponsabilidad nacional. La prevención, la preparación y la anticipación no debe entenderse como un gasto, sino como una inversión estratégica en la vida, la dignidad humana y el desarrollo sostenible del país.